Uno de los caballeros acercó un par de guantes de cirujano a Cordelia. Ella se los enfundó protocolariamente. Conocía los pasos a seguir en un análisis forense. Sin embargo tenía ciertas dudas ya que el lugar no era el más apropiado.
En un primer momento tuvo delante de sí una vista general del cuerpo de Carmine. Previamente, y bajo la supervisión de ella, dos de los caballeros le ayudaron a elevar el cuerpo encima de una mesa dispuesta para tal efecto.
Con unas tijeras previamente alambicadas, Cordelia desprendió la ropa de Carmine. En un primer examen no parecía haber nada extraño ni violento.
- Solamente la herida que pudieron ver nada más entrar en la sala y descubrir el cadáver.
Todos los caballeros habían desaparecido de la sala excepto el que dirigía el grupo. Moriarty se ausentó en un segundo plano. A Cordelia el pensamiento le fue adivinado. Le acercaron un maletín qué dispondría de los elementos más básicos de una cirugía forense.
Después de una labor exhaustiva y de intervalos breves de descanso, Cordelia pudo finalizar la autopsia. Dos conclusiones le rondaban en la mente. Una muy evidente. Una hoja afilada le había seccionado la carótida.
La muerte fue prácticamente instantánea. Pero con un pequeño detalle: La hoja no era de acero. Cordelia pudo determinar que aquello era hueso. Y algo más perturbador: humano. Algo se le removió en su interior.
Era todavía mucho más inquietante la otra conclusión: El baño en el cual había sido sumergido Carmíne, no había sido forzado. ¡Había sido por propia voluntad! ¡Parecía una locura! ¿Un suicidio asistido? ¿Por qué extraña razón Carmine podría haber roto con sus principios de su más acendrado catolicismo? ¡Atentar contra su propia vida! Y ¿cómo se pudo hacer el corte?
Cordelia acercó sus ojos a apenas un centímetro del oído izquierdo de Cármine. Le había llamado la atención una pequeña protuberancia en la entrada del pabellón auricular.
Con un hábil movimiento de sus dedos, ayudada por unas tenazas de disección, pudo extraer una pequeña lámina que parecía de aluminio.
Cordelia acercó una lupa. Todos estaban expectantes.
Cordelia leyó en voz alta lo que aparecía en el texto:
«EL PAPA ES UN IMPOSTOR»
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Desde España: José María Agüeros es abogado, trader y amante del arte.
En su faceta de escritor vocacional, cada lunes nos deleita con un nuevo capítulo de la apasionante trama de Essaouira, La Orden del Ibis Negro.