Pintia y los vacceos Valladolid

Pintia y los Vacceos: la vida en la segunda Edad del Hierro

Os invitamos a recorrer Pintia, una gran ciudad de la segunda Edad del Hierro de la mano del Director del CEVFW… ¡Prepárate para viajar en el tiempo!

La vieja ciudad vacceo-romana de Pintia fue redescubierta, contemporáneamente, en la década de los sesenta del siglo XIX, durante un periodo de crisis que afectaba a las clases campesinas. La necesidad de rentabilizar los suelos agrícolas llevó a la explotación de yacimientos arqueológicos que contenían «huesos de mina», esto es, ricos fosfatos para los cultivos. Al tiempo que se puso en marcha la recuperación de huesos para dicha industria, Pintia, como otros tantos bienes patrimoniales del territorio español, se convirtió en el objetivo de un activo comercio de antigüedades.

El caso de Pintia fue puesto en conocimiento de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Valladolid que envió a los comisionados Eduardo Orodea y José Martí Monsó, que elaboraron un informe donde quedó patente la necesidad de «comenzar un plan científico de excavaciones». Este fue la primera referencia científica sobre el yacimiento. Para tal cometido se habilitó un presupuesto de 8.000 reales para el ejercicio 1873-77, por parte de la Diputación Provincial. Sin embargo, diversas vicisitudes administrativas fueron relegando las buenas intenciones y este proyecto cayó en el olvido institucional.   

La ciudad de Pintia-arqueología

Hubo otras actuaciones, aunque sin resultados científicos relevantes, y hallazgos puntuales como consecuencia de prospecciones superficiales o en el laboreo agrícola. Pero a finales de los setenta del siglo XX se produjo un verdadero punto de inflexión: el descubrimiento del cementerio vacceo de incineración de Las Ruedas.

La intervención arqueológica de urgencia en Pintia, por parte de la Universidad de Valladolid en 1979, dio como resultado la recuperación de una tumba intacta que puso de manifiesto la excepcional riqueza subyacente en los campos de Padilla de Duero, municipio donde se sitúa buena parte de esta antigua ciudad.

Las primeras ciudades de nuestra historia

Pintia, como otros enclaves vacceos (Pallantia, Cauca, Intercatia, Amallobriga, Rauda, etc.), fue una gran ciudad, habitada por miles de personas como consecuencia directa de la generalización de la metalurgia del hierro —segunda Edad del Hierro (ss. V-IV a I a.C.)—, en la fabricación de armas, herramientas, aperos, etc. La aplicación de tal utilería en los campos de cultivo resultó determinante para el incremento en la producción de alimentos lo que propició un crecimiento demográfico exponencial. Con el excedente demográfico se pusieron en marcha una serie de cambios económicos, políticos y sociales que los vacceos llevaron a cabo al filo de los inicios del siglo IV a.C., dando lugar a ciudades amuralladas como en el caso de Pintia, lo que los romanos denominaban oppida.

Pintia y los vacceos Valladolid Edad del Hierro

El oppidum de Pintia constaba de distintas áreas funcionales. Las excavaciones arqueológicas desarrolladas en el interior de la ciudad de Las Quintanas han rendido una sustanciosa información de la que destacaremos algún elemento llamativo sobre aspectos sociopolíticos y económicos.

En una de las viviendas documentamos un espacio denominado “estancia del banquete”, cuyos elementos cerámicos, así como su disposición nos han permitido vislumbrar el papel del consumo de comida y bebida en el establecimiento, mantenimiento y reafirmación de relaciones sociales de manera acorde a lo que ocurrían en la Europa de la Edad del Hierro.

Se sabe que en Grecia el consumo del vino fue un medio de reafirmar la solidaridad entre iguales, bebiéndose de forma civilizada, mezclado con agua, en el symposium, en la «bebida en común» y de acuerdo con unas normas y unos rituales perfectamente establecidos. Parte de estas ideas y usos alcanzaron a la región vaccea, a través de la actividad comercial y el fenómeno colonial —fenicios desde el siglo IX a.C. y griegos a partir del VI a.C.—, dentro de lo que conocemos como “periodo orientalizante”.

Este proceso representó importantes transformaciones económicas, sociales y políticas, como el urbanismo, la extensión de la metalurgia del hierro o la tendencia a la creación de sociedades complejas que desembocaron en la formación de estados. No obstante, dichas novedades se implantaron sobre realidades locales preexistentes, lo que otorga un mosaico muy complejo de expresiones culturales, si bien, y por lo que ahora nos interesa, las elites aprovecharon de manera generalizada elementos como el vino y el banquete para reforzar su posición.

Ciudades bien defendidas

Otro aspecto impactante viene representado por los sistemas defensivos descubiertos en Pintia. Para complementar la defensa que el río Duero provee de forma natural al asentamiento por el norte, hacia el sur la ciudad se protege con elementos defensivos que siguen los principios de la poliorcética o arte de la defensa y asalto de las ciudades, recogido en tratados como el de Filón de Bizancio.

Así, la defensa de Pinta recoge de manera canónica las partes fundamentales del sistema defensivo: muralla, berma, tres fosos y un campo minado.

Muralla y berma

La muralla, de casi siete metros de anchura, se construyó con adobas y se forró al exterior con sillarejo, estando coronada seguramente por una empalizada y siendo su acceso mediante rampa terrera. Entre esta y el primer foso se disponía la berma, un espacio sobre el que se funda aquella y que garantiza que en caso de abrirse una brecha en el lienzo y producirse el derrumbe de un tramo del mismo, sus escombros no cegaran el foso.

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Fosos y campo minado

Un primer foso de quince metros de anchura y cinco de profundidad, recoge en su fondo, con un metro y medio de espesor, una ciénaga que ha preservado la materia orgánica sin alteración, pudiendo recuperarse dos mil años después tablones y restos de ramajes y troncos situados en las escarpas y contraescarpas para dificultar aún más el tránsito.

Un segundo y un tercer foso darían paso finalmente al “campo minado”, esto es una amplia banda en la que se enterrarían grandes dolia cerámicas para configurar un espacio de vacíos que imposibilitara el avance del enemigo sobre el terreno. Aunque este último extremo no ha podido ser documentado arqueológicamente, la toponimia y ciertas circunstancias parecen sancionar la existencia de este recurso defensivo: el lugar se conoce con el nombre de Los Hoyos porque se cuenta que no era infrecuente, al desarrollar las tareas de cultivo, que las caballerías o las ruedas de los tractores se hundieran en este sector.

La necrópolis de Las Ruedas

En terrenos extramuros, se situaba el cementerio de cremación, de unas seis hectáreas de extensión y seiscientos años de uso, entre el siglo IV a.C. y el II d.C. Esto supone que más de veinte generaciones de vacceos que habitaron en una ciudad que pudo albergar unos cinco mil habitantes, fueron allí enterradas, es decir, más de cien mil enterramientos. Tal cantidad explica la presencia de dos hectáreas de cenizas en el pago de Los Cenizales, contiguo al cementerio, donde se realizaron las cremaciones.

Las excavaciones realizadas en este emblemático lugar como es Pintia nos proveen de materiales infrecuentes en otros contextos, sobre todo vinculados al trabajo de la metalistería, prodigándose armas (espadas de tipo Miraveche, puñales de tipo Monte Bernorio y de filos curvos, caetrae o escudos circulares y puntas metálicas de lanza y jabalina), elementos de adorno personal (fíbulas, broches de cinturón, colgantes, etc.) y otros relacionados con el banquete funerario (espetones, parrillas, trébedes, pinzas para el fuego), a veces miniaturizados.

Las fuentes escritas y arqueológicas nos informan de los distintos rituales funerarios vacceos. Los rituales alternativos eran aplicados a dos sectores sociales muy concretos: los niños de más corta edad y los guerreros muertos en combate.

Sectores sociales de la necrópolis

Los primeros les encontramos inhumados en los suelos de las viviendas de la ciudad de Las Quintanas, hasta nueve de ellos han sido documentados y en todos los casos se trata de individuos neonatos o perinatales. Se trata, en suma, de sociedades preindustriales sometidas a tasas de mortalidad abrumadoras en el primer año de vida (hasta un 25%), situación que habría abocado a una conducta universal de falta de reconocimiento social en tanto en cuanto no superaran una edad crítica de supervivencia (lo relevante no sería nacer sino sobrevivir). El texto de Plinio el Viejo (Nat. His., 7, 72) resulta expresivo en este sentido: “Es una costumbre universal no incinerar a una persona antes de que no le salgan los dientes”.

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Otro texto, en este caso de Claudio Eliano (Natur. Anim., X, 22), nos informa sobre el ritual diferencial de exposición a los buitres practicado con aquellos guerreros muertos en combate, al considerar a aquel animal sagrado y psicopompo, propiciador de la llegada al ámbito celeste, lugar de residencia de la divinidad, del guerrero de muerte bella o heroica, es decir, blandiendo su propia espada.

Este testimonio posee también un discreto apoyo arqueológico en la reciente detección de una pequeña placa de bronce recortada en forma de cabeza de buitre, hallada superficialmente en el cementerio de Las Ruedas. Asimismo, algunos huesos humanos frescos y triturados (no pasados por la pira funeraria) podrían ser la expresión material de dicho ritual de exposición a los vultúridos, según podemos deducir de la práctica actual de este tipo de ritos entre etnias del Tibet y de la India.

Por último, el ritual normativo, aplicado a la generalidad de los individuos, estuvo constituido por la cremación del cadáver en una pira funeraria. Concluida la combustión de la pira, los restos óseos calcinados se seleccionaban para ser trasladados, en el interior de una urna cerámica al camposanto, donde se procedía a depositar en un hoyo abierto a tal fin la urna cineraria junto a sus ajuares y ofrendas viáticas, para concluir sellando el conjunto con unas pequeñas lajas y tierra y señalizar al exterior su ubicación con grandes estelas de piedra caliza.

Rangos de la comunidad de Pintia

El estudio de los conjuntos tumbales permite la reconstrucción social, cara al establecimiento de los diferentes rangos en que estuvo constituida esa comunidad pintiana a lo largo de los siglos.

La organización del cementerio, con diversas áreas correspondientes a linajes, y la variabilidad de la constitución de ajuares y ofrendas, nos hablan de aspectos referidos al sexo, la edad o la posición social, expresados en la presencia-ausencia y cantidad de determinados objetos con valores simbólicos establecidos.

De dicho estudio se deriva un tipo de estructura social muy jerarquizada, con una elite ecuestre a la cabeza, seguida de rangos de guerrero que incluyen panoplias más o menos sofisticadas y completas. En el caso de los ajuares de mujer prevalecen los elementos cerámicos o de adorno personal, mientras que los ajuares relacionados con la muerte prematura de los niños incluyen jugueterías, canicas, sonajeros, etc.

Si la parte principal del asentamiento se sitúa en la orilla izquierda del río Duero, en término de Padilla de Duero, es necesario señalar que el yacimiento se extiende también a la orilla contraria, en término de Pesquera de Duero, con el extenso barrio artesanal alfarero de Carralaceña que, además de una zona de hábitat y cementerio propio, ha rendido varias estructuras de hornos de cocción, una de ellas la más grande y mejor conservada en su género de toda Europa. Esta es el llamado horno núm. 2, de planta circular y con unas dimensiones de unos casi seis metros de diámetro, dotándose de un acceso o praefunium de orientación N/NE de algo más de dos metros.

En la parte subterránea se incluyeron dos cámaras de combustión sobre las que todavía mantiene en pie una gran parrilla de arcilla plagada de toberas u orificios por los que ascendería el calor hasta el laboratorio, construido con paredes de tapial, donde se apilarían cientos o miles de recipientes cerámicos para su cocción.

La alfarería vaccea muestra un desarrollo tecnológico en verdad extraordinario. En estos momentos la cerámica fina anaranjada, hecha a torno y con frecuencia pintada en óxido de manganeso con motivos sobre todo geométricos, alcanza un nivel de virtuosismo muy elevado, con un repertorio formal que incluye cuencos, fuentes, botellas, copas, crateriformes, platos, morteros, grandes recipientes de almacenaje, etc., en los que las paredes muestran una gran finura resultante de un proceso de retorneado, esto es, de mondado de la pieza una vez se ha oreado lo suficiente para volverla a poner en el torno y mediante la presión sobre la superficie con una chapa ir eliminando espesor a la pieza.

Existen además otras producciones realizadas a mano o urdidas, un modo de hacer heredado de momentos previos, que van a convivir con aquellas hasta casi el cambio de la Era. Y las llamadas cerámicas torneadas negras bruñidas, o las céreas de imitación de vasos de plata, amén de las producciones singulares realizadas mediante la talla a punta de navaja (cajitas zoomorfas, pies, sonajeros, tintinnabula, barcas, figuras zoomorfas, mangos de cyathus, etc.).

En tiempos pretéritos en los que la labor agrícola tenía como únicos aliados la fuerza animal de los bueyes o las caballerías, el patrimonio histórico oculto bajo tierra podía suponerse a salvo. Pero, con la Revolución Industrial la fuerza de las máquinas adquirió la capacidad para infringir un gran daño al legado arqueológico.

El futuro de Pintia

En Pintia, lamentablemente, hemos sido testigos a lo largo de estos cuarenta años de investigaciones arqueológicas de la degradación del yacimiento mediante zanjas de canalización, plantaciones de viñedo, explotación del terreno para la obtención de las gravas subyacentes, acciones de furtivos, etc. Y ello pese a que la Zona Arqueológica fue declarada Bien de Interés Cultural en 1987, lo que significa que debería estar bajo protección institucional.

Este abandono ha reactivado, sin embargo, la voluntad y el trabajo de los miembros de este Centro de Estudios, de la Asociación Cultural que lo respalda, así como de un grupo de ciudadanos dispuestos a seguir trabajando en pro de la conservación, divulgación, e investigación de este legado patrimonial de nuestros antepasados los vacceos.


¿Sabías que Pintia es 3 veces mayor que Numancia?

Carlos Sanz Mínguez

Director del Centro de Estudios Vacceos Federico Wattenberg Universidad de Valladolid

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BIBLIOGRAFÍA

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